El gato en Egipto.

Probablemente por su habilidad para proteger los graneros de los roedores y por ser un habilidoso cazador de serpientes fue aceptado en los hogares y domesticado. Pronto los gatos conquistaron el favor de las familias egipcias y el corazón de sus amos. Recibieron diversos nombres como “Mau” o “Miu”, aunque el nombre que con más frecuencia aparece en los jeroglíficos egipcios es Qato, del cual proceden el catus romano, el griego katos o el árabe quett, ademas de los modernos, gatto, katta, katze, kat, cat, chat, etc.

Más tarde los gatos figuraron en cualquiera de los libros religiosos o geográficos del Más Allá, como una deidad perteneciente al ámbito solar, ya que los felinos representaban siempre al sol y a los defensores de este. Generalmente cumplían la labor de eliminar, sobre todo, a las serpientes malignas, animal que por otra parte fue el que con más frecuencia y ferocidad atacaba al Sol. Por ello y cumpliendo el papel del “Gran Gato de Heliópolis”, se encuentra al pie de una peséa (o árbol ished) armado con un cuchillo y aniquilando a la serpiente Apofis, serpiente que cada día intenta interrumpir el periplo solar.

Más adelante, por su capacidad para ver en la oscuridad y el enorme agrandamiento de sus pupilas, se le vinculó directamente con el sol y la luna, con el ritmo de las mareas y los ciclos de fertilidad de la tierra, por lo que adquirió un status casi divino.

Su vinculación con la divinidad le procuró la protección de las leyes y surgió en torno a él un culto que se personalizó en la diosa gata Bastet, hija de Isis y de Osiris que añadía a los atributos de sus progenitores los suyos propios: la sensualidad y la fertilidad. La Diosa-Gata Bastet aparece representada con cuerpo humano y cabeza de gato, habitualmente vestida con túnica larga de escote en pico y encajes muy elaborados. Fue venerada durante casi 2.000 años, siendo Bubastis, hoy Tell-Basta, el principal centro de culto a la diosa.

La muerte del gato de la casa constituía una auténtica tragedia. La familia se ponía de luto y se afeitaba la cabeza y las cejas. El animal era embalsamado y enterrado en importantes necrópolis gatunas como la descubierta en 1888 en la ciudad de Beni Hasan en la que se hallaron cerca de 300.000 momias de gato embalsamadas, algunas de ellas metidas en sus pequeños sarcófagos de forma gatuna.

El gato egipcio, precioso y divinizado, estaba extremadamente protegido por las leyes y era considerado patrimonio nacional. Las leyes penaban con la muerte a los contrabandistas que osaran sacarlo de las fronteras de Egipto, pero era un bien tan valorado y deseado que no fueron pocos los aventureros y comerciantes que intentaron ‘robar’ tan preciada joya hasta que al fin lo consiguieron.

1 Comment

  1. DaRk KoNaTa
    Posted 17 abril 2009 at 17:21 | Permalink

    Esta mu bien lo q has puesto ahora. Fijate q n sabia tanto d felinos xD. Weno salvo eso d q ven en la oscuridad x eso l brillan tanto ls ojos jeje.
    Un kiss gemita!=)cuando metas mas cosas avisame q m gusta esto^^

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