El proceso de domesticación del gato permanece siendo un misterio y no se ha podido establecer con certeza. La hipótesis tradicional mantiene que el gato fue domesticado en Egipto, donde se han encontrado los primeros indicios de su domesticación, que datan de unos 4500 años a.C.
El gato egipcio descendería de una de las subespecies del gato salvaje, Felis silvestris lybica, que habría sido primero un comensal del hombre, compartiendo su alimento, antes de que se instalase una mayor familiaridad entre el hombre y el animal, que llega a ser familiar y luego, de compañía.
Los egipcios, a lo largo de todo el Nuevo Imperio y hasta el período tolomeico, deben haber admitido y domesticado gatos salvajes que luego momificaron como a los gatos domésticos.
Según algunos investigadores, había otros focos de domesticación en Pakistán, donde todavía vive en estado salvaje el gato indio del desierto, de poca capacidad craneal, que sería el que llegó a Egipto; en Libia, a partir el gato líbico, y también en el Extremo Oriente, lo que explica el origen independiente del gato europeo.
El culto al gato entre los egipcios pudo originarse en la crianza de gatos domésticos de procedencia india, sin embargo, el origen asiático del gato doméstico es controvertido.
Un artículo publicado por la revista “Science” demuestra que la relación entre el gato y el hombre surgió en el Neolítico, hace más de 9500 años, indicando que la primera prueba fue hallada en una tumba de una aldea neolítica en Chipre, donde se hallaron los restos de un hombre y un gato, junto a una variedad de objetos que reflejan una amistad entre ellos.
